lunes, 23 de mayo de 2016

Día de esquí...y de reflexión.

Durante las vacaciones de Semana Santa ya pasadas tomé la iniciativa de pasar un día esquiando en una estación de esquí situada en la sierra de Madrid, cerca de donde vivo. Este es mi deporte preferido y como con tantos exámenes y trabajos decidí no acudir al viaje de esquí del instituto, pensé que debería seguir disfrutando de este maravilloso deporte y no terminar con mi propósito de llevar una vida saludable durante mi tiempo libre.

La falta de práctica por mi parte me obligó a deslizarme por pistas verdes y azules al principio, algo más fáciles que las rojas a las que solía ir el año anterior. Sin embargo, al cabo de unas horas decidí ir a una pista roja, la más difícil de la estación. Mi deseo de superarme cada vez más en una de mis favoritas aunque no muy habituales aficiones me empujó hasta una de las cimas más altas. Una vez arriba lo pasé un poco mal pues no había apenas nadie y la pendiente era más inclinada de lo que yo me esperaba encontrar.

Con este nuevo reto conseguí afrontar mi miedo y supe valorar el esfuerzo que había conllevado todo el proceso de aprendizaje y todo el tiempo que había empleado y que me condujo a poder superarme día a día. Valoré todo el esfuerzo que había realizado con anterioridad y supe que valió la pena dicho esfuerzo para llegar hasta donde había llegado.

Por otro lado, tuve la oportunidad de observar a personas que estaban aprendiendo a esquiar y ofrecí mis conocimientos y mi apoyo para que el aprendizaje de este deporte les fuera más llevadero. Así pues, pude enseñar gratuitamente a otras personas por primera vez y en ese momento me di cuenta de la satisfacción que produce ayudar a otras personas a aprender. Me puse en la piel de mis profesores que en su día tuve la suerte de que me enseñaran todo lo que sé y por ello ahora me siento mucho más agradecida hacia ellos.

Duración: 7h

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